
Ximo Lizana
Se me olvidó que ya no hablabas
que sola en esta corriente audaz de mis ideas
me había quedado instalada como barca
a la deriva, sin horizonte ni playas donde descargar
mis aflicciones,
sin refugio ni consuelo donde cuidar mi herida.
Tú silencio, ese silencio que es lanza que desagandra
sin piedad los bueyes agónicos, indescifrables,
se transfigura en piélago de aguas hediondas
denso, palpable, de textura afilada, lacerante,
deja tras sí ríos de penumbra,oscuridad
inabarcable, dudas que soslayan silentes los
impíos actos de tu sentencia,
el sosiego y la calma no se hacen presentes,
olvidados en espacios probos, esperan
como reo a su condena que la generosidad
de la súplica rompa el preludio
de un epígono lesivo.
Pepa Robles.
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